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¡Enséñame, Señor!
Enséñame, Señor, a ser dulce y delicado en todos los acontecimientos de la vida, en los desagrados, en la inconsideración de otros, en la insinceridad de aquellos en quien confiaba, en la falta de fidelidad de aquellos en quienes yo descansaba.
Ayudame que ponga a mi 'yo' a un lado, para pesar en la felicidad de los otros; te entrego mis penas y mis angustias, para que así nadie tenga que sufrir sus efectos.
Enséñame a aprovecharme del sufrimiento que se me presenta en mi camino. Enséñame que lo use de tal manera que sirva para suavizarme, no para endurecerme ni amargarme; de modo que me haga paciente, no irritable; generoso en mi perdón, no mezquino, altivo e insufrible.
Que nunca alguien sea menos bueno por haber percibido mi influencia. Que nadie sea menos puro, menos veraz, menos bondadoso, menos digno por haber sido mi compañero de camino en nuestra jornada hacia la VIDA ETERNA.
En tanto que voy dando vueltas de una distracción a otra, déjame susurrar de rato en rato una palabra de amor a Ti.
Que yo viva mi vida en lo sobrenatural, llena de energía para el bien, y vigorosa en su empeño de santidad.
(Oración Católica)
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Al soltar los apegos, creas el espacio para la Luz.
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